El farol se inclina sobre mi hombro
apagando el resto de la sala
sólo parecen encontrarse con vida mis manos
la mesa opaca y de rugosa textura
y la caja hermética
que descansa mansamente
lo demás fue devorado por las sombras
reposo ahuecado
trueno agobiante
suelto mis dedos saludando al pensamiento
que sucumbe en una carrera acalorada
en donde el envase hechizado
alcanza mundos de ventaja
mis trepidantes uñas supervisan los contornos
en busca de posibles fisuras
su rostro a contraluz
escupe con sabia delicadeza
suplicando calma
el trueque de uña por yema
motiva al agite perverso
alienado
corto viaje y larga reserva
furia fertilizada
el engranaje funesto desviste la mirada
que cae rota
salpicando las líneas de mis garras
todavía tibias
rendido al discreto residuo de aullidos
me desato
sacrifico mis manos
para tocar la parte invisible
devorado por completo caigo
la luz manipula la temperatura
ablandando las aristas del claustro
las espadas numeradas se derraman tajantes
sobre la fútil y fría madera
giran incandescentes
del positivo al negativo
desanimando el ruido estropeado
de mi cuerpo contra el piso
comienzan a helarse
saturadas de humo
se abstraen
dejan de estar
donde nunca estuvieron
seguirán corriendo en paralelo
donde ya no puedo escucharlas.