domingo, 5 de agosto de 2012

Eduardo Galeano, Patas para arriba

El miedo global.

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar 
y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares, 
los militares tienen miedo a la falta de armas,
las armas tienen miedo a la falta de guerras.

Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre 
y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura, 
al tiempo sin relojes, al niño sin televisión.

Miedo a la noche sin pastillas para dormir 
y miedo al día sin pastillas para despertar.

Miedo a la multitud, miedo a la soledad, 
miedo a lo que fue y a lo que puede ser,
miedo de morir, miedo de vivir..




Elogio a la imaginación

Hace unos años, la BBC preguntó a los niños británicos si preferían la televisión o la radio. Casi todos se pronunciaron por la televisión, lo que fue algo así como comprobar que los gatos maúllan o que los muertos no respiran. Pero entre los poquitos niños que eligieron la radio, hubo uno que explicó:-Me gusta más la radio, porque por radio veo paisajes más lindos. 

Estaciones


Me devolvieron las huellas festivas del rocío

empuñando hábilmente su palmada fina y seductora

lo retengo como tallado en mis manos

esos momentos que desgranan la mirada

la juntan en montoncitos

y la van sacudiendo en los rincones húmedos de la casa

una pacífica comunidad de gotas

se dispuso prolijamente en fila

con semblante decidido

para desprenderse del techo mugroso y desgajado

no son muchas pero parecen alcanzarme todas

ninguna llega a destino sin antes hacer un descanso en mi cuerpo

un olor a olvido recorre petulante la música sorda que abraza la sala

dilatándose por pasillos y aberturas

sólo algunos tibios fulgores superan la contienda de la muerte

mares recios golpean desde el otro lado

estrujados partidos desvestidos

sacados del horno de la desesperanza

con cara pesada y mullida fisonomía

hordas de quietud enfrían mi cuerpo logrando hacer pie sólo de a ratos

llegué de aquél camino

con manchas de cientos de soles

delineando ríos de fuego de pecho a espalda

fue entonces

cuando instante seguido a enfocarme entre las sombras de la antesala

sorbiste tus  lágrimas y te encerraste súbitamente en aquél cuarto

ese que está ahí

subiendo la escalera a la derecha

bien metido en el roble de la medianera

el que parece caminar para adentro

estático y turbio

mirá que es grande la casa

entiendo que está deteriorada

con su afonía latente y desconfiada

gritándonos de cerca

salpicada de moho y sacudida de viento

pero también es cierto que hay varios colores que siguen despertando

esos que tus ojos sofocados no decodifican

que seguirán estando mientras no nos descuidemos de nombrarlos

acto indispensable para que en su ofensa no justifiquemos nuestras desdichas

justo elegiste la habitación vacía

la que nunca tuvo siquiera un suspiro

qué vas a hacer sin tus cuadros

tus diarios

sin tu olvido reposado  

quizás sin nada por olvidar se derrita algún recuerdo por tus huesos

ni la manta de noche te llevaste

acordáte de aquél día

de calor cínico

de bruto desconsuelo

no tuve opción

tuve que saltar al vacío de la vida

quemarme en el espejo de mi alma

ladrarle a la bicicleta de la muerte para que no se detenga en mi vereda

me rompí la garganta intentando que no me sueltes la mano

pero creo recordarte diciendo que no tenía sentido

que esforzarse por recibir un golpe sólo traería sangre

cómo contarle a tu manso silencio que cada marca es el premio a la caída

la caricia del movimiento

el fruto en la tormenta

en aquel cuarto perfumado de espera

el día sale de noche

hasta que la noche será todo el día

quebrándote en el bramido de la desidia

a mí me trajo la humedad

creo que siempre la preferí antes que la sequía espesa y agrietada  

con su tosco sonido de polvo

volví por un momento

como quien busca conmoverse con los cambios de estaciones

con sus matices y su terca esencia de renovar texturas

si custodiaste alguna duda

de aquellos tiempos en los que podías llamarme

corré hacia la puerta que está ahí

como escondida atrás de la cocina

al menos esa 

puede llevarte al patio.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Caja numerada

El farol se inclina sobre mi hombro
apagando el resto de la sala
sólo parecen encontrarse con vida mis manos
la mesa opaca y de rugosa textura
y la caja hermética
que descansa mansamente
lo demás fue devorado por las sombras
reposo ahuecado
trueno agobiante
suelto mis dedos saludando al pensamiento
que sucumbe en una carrera acalorada
en donde el envase hechizado
alcanza mundos de ventaja
mis trepidantes uñas supervisan los contornos
en busca de posibles fisuras
su rostro a contraluz
escupe con sabia delicadeza
suplicando calma
el trueque de uña por yema
motiva al agite perverso
alienado
corto viaje y larga reserva
furia fertilizada
el engranaje funesto desviste la mirada
que cae rota
salpicando las líneas de mis garras
todavía tibias
rendido al discreto residuo de aullidos
me desato
sacrifico mis manos
para tocar la parte invisible
devorado por completo caigo
la luz manipula la temperatura
ablandando las aristas del claustro
las espadas numeradas se derraman tajantes
sobre la fútil y fría madera
giran incandescentes
del positivo al negativo
desanimando el ruido estropeado
de mi cuerpo contra el piso
comienzan a helarse
saturadas de humo
se abstraen
dejan de estar
donde nunca estuvieron
seguirán corriendo en paralelo
donde ya no puedo escucharlas.

Tardes en un viaje (Canción)

Escribo y son
varios comienzos
las marcas que caen
al suelo hablarán.

El arte la manera,
el silencio la
riqueza de dibujar
un lugar.

Tardes en un viaje
misterios de un momento
tan sordo y ciego como
la soledad.

Un lápiz en forma
de tiempo aclara
un margen abierto
a la luz.

Recorro mis manos
y me pierdo, golpeo
el agua y hago eco
de las sombras con
brotes de paz.

Tardes en un viaje
misterios de un momento
tan sordo y ciego como
la soledad.
Me muevo y soy de
viento, la brisa
de este tiempo
quiere transformarse en huracán.

Águila gris
no hay tristeza
tu ángel vuelve de
las piedras y volará.

sábado, 18 de febrero de 2012

Nocto

También las olas se ahogan en la noche
el vaso descansa en la madera
erguido y vigoroso
brazos lo adornan
enmarcando la postal de un deseo arrepentido
luces golpean párpados
estrujándolos como bolsa de mercado
dudas aletean sobre un ampuloso lodo
y recortan las voces desordenándolas
pasos mórbidos se inclinan hasta arrastrarse
y se entregan a los roces de una cama
también las olas se ahogan en la noche
para ser vomitadas
alguna incipiente mañana.

lunes, 14 de noviembre de 2011

La osadía del sonido (aire de zamba)


Matar los años se ha vuelto
la triste codicia del tiempo,
barriendo las hojas del patio
lo veo crecer de mi lado.

Marcar mi pie en tu camino,
morir de pie en tu destino,
son pocos los ojos que nombran
un rumbo, una fecha, una historia.

En mi casa sobra el agua
que se mueve y se filtra en el andar
de las hojas que en sombras se abrazan
y esperan que este solo al despertar.

Hoy se desnuda mi sangre,
hoy se despierta mi carne,
la calma encuentra el sentido
en las dudas que nunca descansan.

Por eso celebro en tu copa
el inmune paso del viento,
dolores, amor y memoria,
implacables sonidos del tiempo.

En mi casa sobra el agua ….

sábado, 29 de octubre de 2011

Murió un Hombre

Murió un Hombre
Eso dijeron
Las luces iniciales de aquel día
De cielo altivo y audaz
Reguero gravitante
Eclipse taxativo de todo juicio
Sí, un Hombre
Hombre de estado
En estado sólido
Cuerpo angosto
Virtudes pesadas
Espíritu amplio
Infranqueable
Combativo
Sobrio y concreto
Estallaron en su pecho
Las venas del compromiso histórico
La intransigencia de la lucha
Los vientos de la adversidad
La inalterable decisión de decidir
De intervenir los hechos
De discutir la discusión más discutida
La angustia ronca sacudió las calles
Colmándose de piernas de todo tamaño
Brazos agitados
Banderas sueltas
Entregadas a una sola tela
La verbena de la muerte
Una muerte que vive
Que grita
Que arde
Que acaricia el dolor
Hasta pintarlo de frescura
Coyuntura estoica
De una accidentada meseta
Murió un Hombre
Eso dijeron
Murió un Hombre
Incontables voces nacieron.