domingo, 5 de agosto de 2012

Estaciones


Me devolvieron las huellas festivas del rocío

empuñando hábilmente su palmada fina y seductora

lo retengo como tallado en mis manos

esos momentos que desgranan la mirada

la juntan en montoncitos

y la van sacudiendo en los rincones húmedos de la casa

una pacífica comunidad de gotas

se dispuso prolijamente en fila

con semblante decidido

para desprenderse del techo mugroso y desgajado

no son muchas pero parecen alcanzarme todas

ninguna llega a destino sin antes hacer un descanso en mi cuerpo

un olor a olvido recorre petulante la música sorda que abraza la sala

dilatándose por pasillos y aberturas

sólo algunos tibios fulgores superan la contienda de la muerte

mares recios golpean desde el otro lado

estrujados partidos desvestidos

sacados del horno de la desesperanza

con cara pesada y mullida fisonomía

hordas de quietud enfrían mi cuerpo logrando hacer pie sólo de a ratos

llegué de aquél camino

con manchas de cientos de soles

delineando ríos de fuego de pecho a espalda

fue entonces

cuando instante seguido a enfocarme entre las sombras de la antesala

sorbiste tus  lágrimas y te encerraste súbitamente en aquél cuarto

ese que está ahí

subiendo la escalera a la derecha

bien metido en el roble de la medianera

el que parece caminar para adentro

estático y turbio

mirá que es grande la casa

entiendo que está deteriorada

con su afonía latente y desconfiada

gritándonos de cerca

salpicada de moho y sacudida de viento

pero también es cierto que hay varios colores que siguen despertando

esos que tus ojos sofocados no decodifican

que seguirán estando mientras no nos descuidemos de nombrarlos

acto indispensable para que en su ofensa no justifiquemos nuestras desdichas

justo elegiste la habitación vacía

la que nunca tuvo siquiera un suspiro

qué vas a hacer sin tus cuadros

tus diarios

sin tu olvido reposado  

quizás sin nada por olvidar se derrita algún recuerdo por tus huesos

ni la manta de noche te llevaste

acordáte de aquél día

de calor cínico

de bruto desconsuelo

no tuve opción

tuve que saltar al vacío de la vida

quemarme en el espejo de mi alma

ladrarle a la bicicleta de la muerte para que no se detenga en mi vereda

me rompí la garganta intentando que no me sueltes la mano

pero creo recordarte diciendo que no tenía sentido

que esforzarse por recibir un golpe sólo traería sangre

cómo contarle a tu manso silencio que cada marca es el premio a la caída

la caricia del movimiento

el fruto en la tormenta

en aquel cuarto perfumado de espera

el día sale de noche

hasta que la noche será todo el día

quebrándote en el bramido de la desidia

a mí me trajo la humedad

creo que siempre la preferí antes que la sequía espesa y agrietada  

con su tosco sonido de polvo

volví por un momento

como quien busca conmoverse con los cambios de estaciones

con sus matices y su terca esencia de renovar texturas

si custodiaste alguna duda

de aquellos tiempos en los que podías llamarme

corré hacia la puerta que está ahí

como escondida atrás de la cocina

al menos esa 

puede llevarte al patio.

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