Me devolvieron las huellas festivas del rocío
empuñando hábilmente su palmada fina y
seductora
lo retengo como tallado en mis manos
esos momentos que desgranan la mirada
la juntan en montoncitos
y la van sacudiendo en los rincones húmedos de
la casa
una pacífica comunidad de gotas
se dispuso prolijamente en fila
con semblante decidido
para desprenderse del techo mugroso y
desgajado
no son muchas pero parecen alcanzarme todas
ninguna llega a destino sin antes hacer un
descanso en mi cuerpo
un olor a olvido recorre petulante la música
sorda que abraza la sala
dilatándose por pasillos y aberturas
sólo algunos tibios fulgores superan la
contienda de la muerte
mares recios golpean desde el otro lado
estrujados partidos desvestidos
sacados del horno de la desesperanza
con cara pesada y mullida fisonomía
hordas de quietud enfrían mi cuerpo logrando
hacer pie sólo de a ratos
llegué de aquél camino
con manchas de cientos de soles
delineando ríos de fuego de pecho a espalda
fue entonces
cuando instante seguido a enfocarme entre las
sombras de la antesala
sorbiste tus lágrimas y te encerraste súbitamente en aquél
cuarto
ese que está ahí
subiendo la escalera a la derecha
bien metido en el roble de la medianera
el que parece caminar para adentro
estático y turbio
mirá que es grande la casa
entiendo que está deteriorada
con su afonía latente y desconfiada
gritándonos de cerca
salpicada de moho y sacudida de viento
pero también es cierto que hay varios colores
que siguen despertando
esos que tus ojos sofocados no decodifican
que seguirán estando mientras no nos
descuidemos de nombrarlos
acto indispensable para que en su ofensa no
justifiquemos nuestras desdichas
justo elegiste la habitación vacía
la que nunca tuvo siquiera un suspiro
qué vas a hacer sin tus cuadros
tus diarios
sin tu olvido reposado
quizás sin nada por olvidar se derrita algún
recuerdo por tus huesos
ni la manta de noche te llevaste
acordáte de aquél día
de calor cínico
de bruto desconsuelo
no tuve opción
tuve que saltar al vacío de la vida
quemarme en el espejo de mi alma
ladrarle a la bicicleta de la muerte para que
no se detenga en mi vereda
me rompí la garganta intentando que no me
sueltes la mano
pero creo recordarte diciendo que no tenía
sentido
que esforzarse por recibir un golpe sólo
traería sangre
cómo contarle a tu manso silencio que cada
marca es el premio a la caída
la caricia del movimiento
el fruto en la tormenta
en aquel cuarto perfumado de espera
el día sale de noche
hasta que la noche será todo el día
quebrándote en el bramido de la desidia
a mí me trajo la humedad
creo que siempre la preferí antes que la
sequía espesa y agrietada
con su tosco sonido de polvo
volví por un momento
como quien busca conmoverse con los cambios de
estaciones
con sus matices y su terca esencia de renovar
texturas
si custodiaste alguna duda
de aquellos tiempos en los que podías llamarme
corré hacia la puerta que está ahí
como escondida atrás de la cocina
al menos esa
puede llevarte al patio.
puede llevarte al patio.
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