Ventanas,
vaivén de sombras sobre sombras
la frescura y las voces negras
atraviesan los árboles con ferocidad de hiena
transcurres pierna contra pierna
tropezando en el juego ocre
de raíces embravecidas por tus nerviosos golpes
látigos lumínicos se escurren pacientes
ampliando tu rostro entumecido por el hielo matinal
nadie espera para sostener tu mano temblorosa
todo es ajeno allí
las calles no te nombran
las noticias no hablarán de vos
recortado y expulsado del paisaje
a la bofetada del viento omnisciente
el ruido rojo de tu pecho trabaja sesgado
por las grises combustiones de motores
que te esquivan sin mirarte
el tejido urbano te deshace la retina
ese pasto ya no te pertenece
aguerridos viajes te citan
saboreando el río más largo
contestando a esa roca
que te habla y es amable
ese bosque te seduce y descansa con tu espalda
la dócil música de otro mundo continuado
se hace cuerpo en tu piel
a su vez succionada
por la suela contracturada
de un traje manchado
de un traje manchado
derramando púrpuras bendiciones
sobre la huella destellante de lujuria
implacable en cada paso
ignora que el fuego pisoteado
morirá
para retornar doblemente vivo
en la muerte de todas las muertes.
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